Un sabor, una historia

Hasta hace unos años, yo vivía en Uruguay. Mis papás son de Montevideo y ahí crecí yo también en el Barrio Peñarol, como el equipo de fútbol. Uno de los paseos que repetíamos todos los años era ir a un restaurante que ya hace años cerró sus puertas, que se llamaba el Chivito de Oro. Para quienes no lo saben, el chivito en Uruguay es lo que acá llamamos un Lomito, pero allá es bastante típico y se juega mucho con distintos condimentos y sabores... igual mi historia va por otro lado.

Este restaurante tenía una "entrada" que era una especie de degustación. Si pedíamos eso, podíamos llegar a cenar los cuatro: mis papás, mi hermano y yo. Y eso hacíamos. Se trataba de una sucesión de platitos que contenían desde todo lo que lleva una típica picada, lo que lleva una picada más elaborada, platitos calientes, mini pizzas, salchichitas, degustación de pastas, era algo parecido a lo que daban en las fiestas de casamiento o cumpleaños de 15. Los platitos no paraban de llegar, a veces venían 2 mozos distintos con las bandejas repletas.

Dentro de la picada no tan tradicional había una especialidad que eran los porotos condimentados, tan simple y tan bien preparado que mi mamá los acaparaba ya que cuando éramos chicos nosotros preferíamos sambuyirnos directo en las pizzas y las salchichitas. Los porotos condimentados siempre ganaban un comentario: "deliciosos como siempre", "hoy tienen algo diferente", "mozo, podríamos repetir únicamente los porotos?"

Como les contaba este lugar cerró hace años y con eso, la tradición de visitarlo cada mes de febrero.

Hace unas semanas, aprovechando una visita de mi mamá a Buenos Aires probamos los porotos condimentados que hace Finca Lecumberri. Para mi es difícil traducir en palabras la expresión de mi mamá al probarlos, seguramente se mezcló el sabor con los recuerdos de esas cenas en familia en ese restaurante de Montevideo.

Esto me llevó a pensar que con VeryDeli estamos en el camino correcto, rescatando productos simples, con un toque gourmet, pero con los sabores de antes. Esos que solo pueden repetirse cuando uno respeta los ingredientes con los que trabaja y juega con recetas familiares hasta dar con un sabor que uno puede asociar a una historia, a un recuerdo, a lo casero.

Y mi mamá se llevó dos frascos más a su casa.


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